HOY RECORDAMOS LO VIVIDO EL 21 DE MARZO



Hoy escribimos desde la calma que deja el paso del tiempo… pero con el corazón aún anclado en aquel día en que Matilde de la Torre regresó definitivamente a Cabezón de la Sal.

Fue una jornada difícil de describir con palabras. Hubo silencio, emoción contenida, miradas cómplices y una sensación compartida: estábamos siendo testigos de algo profundamente justo. Después de tantos años de ausencia, de historia rota por el exilio, Matilde volvía a casa.

Recordamos el momento, el respeto con el que todo el pueblo la acompañó, la dignidad de un acto que no solo cerraba una herida, sino que abría un espacio nuevo para la memoria.

Pero aquel día, la emoción no terminó ahí.

Esa misma tarde, nuestra coral vivió otra despedida. Sierra, uno de los nuestros, eligió de algún modo ese mismo día para marcharse. Y queremos creer que no fue casualidad.

Nos gusta pensar que se fue acompañado. Que en ese tránsito encontró a Matilde. Que quien sembró nuestras voces salió a su encuentro para guiarle, para acogerle, para unir su historia a la nuestra de una forma aún más profunda.

Para nosotros, la Coral Voces Cántabras, aquel día quedó marcado para siempre. Porque fue origen y despedida. Memoria y legado entrelazados en unas pocas horas que nunca olvidaremos.

Hoy, al recordarlo, entendemos mejor lo que ocurrió: no fue solo un entierro. Fue un reencuentro… y también una entrega. Matilde volvió. Y quizá, ese día, no volvió sola.

Comentarios